Elecciones: lecturas

Tomás López · Almería

270616

Antes de nada, como preámbulo del análisis inicial y somero de las elecciones de ayer, tengo que poner por delante que, en mi nombre y en el de la redacción de ‘Almería Al Día’, nuestra primera impresión es la de satisfacción por el hecho de que el resultado aleja toda posibilidad de que Pablo Iglesias o cualquier otro representante de Podemos vaya a presidir el gobierno. Y nos satisface esto hasta tal punto simplemente por el hecho de que ellos representan un partido que no respeta los derechos más básicos, como el derecho a la propiedad privada, a la libertad de expresión y al actual ordenamiento constitucional, que tanto esfuerzo costó conseguir a los españoles.

Dicho esto, la noche electoral no es que nos haya sorprendido, pero sí que nos ha llamado la atención en muchas cosas. Lo primero que nos llama la atención es que la gente se siga sorprendiendo de los batacazos de las encuestas, porque es evidente que éstas no sirven prácticamente para nada; es ello algo que se demuestra cada vez que hay elecciones. Pero la gente se las sigue creyendo. Es evidente que las encuestas no quieren contar la realidad, sino influir sobre ellas.

Y yendo al corazón de los resultados electorales, la gran vergüenza de todo esto es que un partido que le ha sacado 52 votos al segundo tenga, a día de hoy, serias dudas acerca de si podrá gobernar, que los líderes de los dos siguientes partidos, repito, a 52 escaños el uno y a 68 el otro, siguieran hablando anoche de voluntad de cambio del pueblo español y de posibles acuerdos para poner fin a la era de Mariano Rajoy.

Sin duda, Rajoy ha hecho cosas mal, que serán más o menos en función de la ideología de cada uno, pero la realidad incontestable es que es el partido más votado, muy de largo. Es que el Partido Popular tiene prácticamente el doble de escaños que un Podemos que se sigue viendo como fuerza de gobierno y palanca del cambio.

El discurso de Podemos, y en parte también el de Pedro Sánchez, representa con total contundencia el de quien pasa absolutamente de lo que dicen las urnas y los ciudadanos, representa la total ceguera y sordera a la voluntad de la gente.

Los pactos son un elemento tan lícito como legal en nuestro sistema democrático, pero es absolutamente imposible, indigno y casi ilegal obligar a un partido político a tener mayoría absoluta para poder gobernar.

Al PP le faltan menos de 40 escaños para tener mayoría absoluta. Es evidente no, evidentísimo, que el resto de las fuerzas políticas no tienen cosas en común como para otorgarse la posibilidad de juntarse todos y hacer un programa común para que no gobierne el PP. España, es demasiado obvio, le ha dado su confianza al PP para que Rajoy gobierne.

Si ésta no es la consecuencia de estas elecciones, obviamente los partidos que le arrebaten a los populares la legitimidad para gobernar seguirán perdiendo votos y escaños y el PP los seguirá ganando. Ahora, lo primordial es que el PSOE haya comprendido ese mensaje. Por su bien y por el de España. Si no lo hace, el beneficiario será el PP…. a medio plazo.

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