El tren

José María Sánchez Cañabate · Almería

 230217

Alrededor de un millar de personas se concentraron ayer en la Puerta de Purchena para pedir que la conexión ferroviaria de Almería con el resto del mundo mejore. Pero que mejore mucho, porque, en los prolegómenos de la tercera década del siglo XXI, seguimos teniendo un tren que tarda más de siete horas a Madrid, que no es accesible y al que la alta velocidad le suena a chino.

Llaman la atención dos cosas sobre la concentración de ayer: primero, la poca gente que se concentró, alrededor de mil personas en una ciudad de casi 200.000 habitantes, en una provincia de más de 600.000. Parecen muy pocos. Quizás el tren no les interese a los demás, o quizás seguimos adoleciendo de lo de siempre, de falta de espíritu para luchar por lo nuestro.

Y llama la atención también la amplia presencia de políticos de todos los colores. Viéndolos, parecería como si la petición de la mejora del tren se la estuvieran haciendo las asociaciones y los ciudadanos a algún ente extraterrestre. Que los políticos de todos los partidos vayan a una concentración para pedir que mejoren el tren suena a chiste, porque su papel en esto no es el de pedir sino el de dar, son ellos a los que se les pide que tomen cartas, que actúen, que se muevan.

En todo caso, hay mucho que hacer en esto del tren y hay muy poco hecho en las últimas décadas, en las últimas tres, cuatro o cinco décadas. Si uno observa las conexiones ferroviarias a lugares como Málaga, Barcelona, Sevilla, Santiago de Compostela o Valencia, por poner algunos ejemplos, observa una diferencia de años luz con respecto a Almería.

En cambio, si lo que hacemos es comparar la infraestructura ferroviaria de Almería hoy con la de hace 40 años, no ya es que las diferencias sean muy pocas, es que en algunos aspectos hemos empeorado considerablemente, como por ejemplo en frecuencia de trenes, en  número de plazas diarias en el desplazamiento, por ejemplo a Madrid; así como en las líneas activas.

Y todavía hay algo más grave, que es la diferencia que existe entre la Almería de los 70 y la actual: que es el desarrollo de su turismo y su agricultura, que necesita una salida ferroviaria digna, que hoy por hoy está absolutamente inutilizada, sin posibilidad ninguna.

No cabe duda de que el desarrollo económico de Almería está estrangulado por sus pésimas comunicaciones. Y el tren es uno de los grandes problemas infraestructurales de la provincia. Ver cómo tan sólo 1.000 ciudadanos se interesan por esto y que los políticos que han de aportar soluciones se posicionan como un ciudadano cualquiera que reclama mejoras hace pensar que no estamos demasiado cerca de las soluciones.

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