El pleno, los perros, el espectáculo y Dani Rovira

José María Sánchez Cañabate · Almería

010616

Hubo ayer pleno en el Ayuntamiento de Almería. Y son varios medios de comunicación los que resaltan, como noticia destacada del mismo, el acuerdo por unanimidad de todos los partidos para que en la perrera (llamada ahora Centro Zoosanitario) dejen de sacrificarse perros de los llamados potencialmente peligrosos, al menos hasta que se apruebe una nueva normativa que derogue la prohibición de darlos en adopción.
Son los derroteros de la nueva política, el espectáculo instalado en la gestión pública. La moción y la aprobación llegan después de que el actor y cómico Dani Rovira, le daría estopa de la buena al Ayuntamiento y a su concejal Carlos Sánchez, por mantener esta situación, que provocaba el sacrificio de los animales.
Ambos, concejal y cómico, se enzarzaron en un cruce de declaraciones y acusaciones en las redes sociales, que obviamente ni iba a conducir ni ha conducido absolutamente a ningún sitio.
Que los perros potencialmente peligrosos deben poder ser adoptados es obvio, puesto que, como decía ayer el propio edil, también pueden ser comprados en las tiendas o en las asociaciones protectoras. A ello, y nadie lo dijo, habría que añadir que algo habrá que hacer con los animales que adoptan o compran este tipo de perros y los convierten en armas potencialmente mortales en las calles, entre otras cosas, sacándolos a pasear sin collar ni bozal, a pesar de que esto es absolutamente obligatorio.
Pero al margen de ello, convendría recordar que el pleno de un Ayuntamiento no es el lugar para ofrecer espectáculos ni para representar obras de teatro, sino para legislar cómo se gobierna en una ciudad.
Ayer, alguien mintió en el pleno, puesto que si el concejal Sánchez dijo que está trabajando en una nueva normativa con el consenso de todos pero que el PSOE no ha presentado ni una alegación, mientras que la edil socialista Inés Plaza respondía que no se ha hecho nada y que el concejal no ha presentado ni un borrador.
Es evidente que, una vez más, el pleno sirvió para que cada uno representara su papel; un papel en una obra de teatro cuyo final todo el mundo conocía ya. Es decir, un teatro más.

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