El lío de Albox

José María Sánchez Cañabate · Almería

 190716

Pues ahora resulta que ha llegado el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y ha dicho que el nombramiento de la alcaldesa de Albox, Sonia Cerdán, no se ajusta a la legalidad, mayormente porque se presentó con un partido político diferente al que pertenece ahora.

Debe entender el TSJA que si uno se cambia de partido a mitad de legislatura, el votante puede sentirse engañado.

Subyace aquí el eterno debate de si a quien se vota es a la persona o al partido político en el que ésta está enrolado. En realidad, es un debate irresoluble, puesto que seguramente en este aspecto habrá de todo, como en la ya famosa viña del señor.

Sin duda hay casos que demuestran una de estas cosas y otros que demuestran la contraria. Todos conocemos algún ayuntamiento en el que el alcalde se ha presentado por diferentes partidos y siempre ha salido elegido con amplia mayoría. Igualmente, también conocemos otros casos en los que un partido político gobierna en un municipio sea quien sea el candidato, incluso cuando uno de sus candidatos se ha presentado por otra formación.

En todo caso, estamos ante un caso muy especial, puesto que la señora alcaldesa ha sido investida sin que haya ganado las elecciones ni ella ni el partido al que ahora representa, puesto que fue su compañero Rogelio Mena el que ganó las elecciones, para después marcharse del PSOE con todo su equipo, incluida la señora Cerdán, y posteriormente ser inhabilitado.

El caso es que entre la ley, que no termina de ser muy clara en este tema, y los propios políticos, que tampoco están dando ninguna lección de altura de miras, ahora se encuentra el municipio no sólo sin alcalde sino sin que sepamos muy bien qué es lo que va a pasar. Es lo que le faltaba a Albox, en un año en el que estamos todos un poco hartos de no saber quién es nuestro alcalde, nuestro presidente del gobierno ni nada de nada.

Que la ley electoral necesita una mano de chapa y pintura es una evidencia del tamaño de la catedral de Burgos. Así es que vamos a ver si nos dejamos de zarandajas, que diría el clásico, y nos ponemos un poco las pilas, puesto que ya está bien de fiestas con la pasta que la clase política le cuesta a la ciudadanía.

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