El final de la Rambla: ¿y si acabamos con el divorcio con el mar?

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 280415

Es uno de los típicos temas que, estando sin resolver como está, parece haberse incrustado en el paisaje, como si todo el mundo se hubiera rendido ante él. Es el final de la Rambla, su ‘desembocadura’ en el Mediterráneo, su llegada al mar. Allí en su día, en la zona en la que está aquel otro proyecto emblemático que se quedó en el camino, como era el Cable Inglés que iba a albergar desde restaurantes hasta zonas para la cultura, se hizo un bonito lago, una zona de esparcimiento junto al mar y se puso una ballena de obra.

La verdad es que no tiene suerte esta ciudad, en determinados lugares de su confluencia hacia el mar. Tenemos kilómetros y kilómetros de litoral, en la propia ciudad, y en casi ninguno de sus rincones, salvo en el Paseo Marítimo, termina de explotarse con éxito.

Tenemos un magnífico Paseo de Rivera, que apenas se utiliza y que se deteriora poco a poco; un Puerto que parece una cárcel, vedado para los almerienses y que nos tapa la mayor parte de la zona costera del casco urbano, una playa de Costacabana ridícula y olvidada, que por fin va a ser remodelada ahora, esperemos que ya de manera definitiva; e incluso el propio Paseo Marítimo, que es espectacular y que tiene una inmensa vida, no termina de ser ese lugar de encuentro plagado de negocios y de ambiente cultural, recreativo y de creación de valor y riqueza que se podría esperar de él.

Y luego está la zona ésta del final de la Rambla, un lugar espectacular, de grandísima belleza y que tendría mil y una posibilidades, pero que ha terminado convertido en lugar para echar basuras, dar cobijo a vagabundos y cobertura a parejas que no encuentran otro espacio para darse el lote.

Ayer, el alcalde de Almería presentó un nuevo intento para paliar los malos olores que allí se producen: se trata de un géiser y columnas de agua que teóricamente eliminarán esa peste, aunque el propio Luis Rogelio ya anunció que hasta que no lo vea no lo creerá.

La obra supondrá la sustitución de la fuente de los 102 pueblos por un géiser de agua dulce, cuyo géiser se irá hasta 15 metros de altura, creando un movimiento de agua que evitará el estancamiento y eliminará los olores. Igualmente habrá dos cortinas de agua de 34 y 44 metros, cuyo objetivo es evitar los actos vandálicos.

Y a todo eso, propondríamos nosotros darle vida al espacio, colocar algún negocio de restauración, organizar eventos y elevar un mirador que, desde allí pudiera facilitar ver las puestas de sol, que no deben ser nada feas desde ese lugar junto al mar. Sin duda, ello mejoraría el ‘ambiente’ en ese lugar, aunque el hecho de que el Ayuntamiento no se rinda e intente arreglar el problema siempre es un buen indicio de preocupación por la ciudad.

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