El Cortijo del Fraile, para quien lo quiera

Álvaro Fuentes Soler  · Almería

 270614

Se acabó; cortan por lo sano. La propiedad del Cortijo del Fraile ha roto la baraja y, en buena medida es lo normal. Han sido años y años de multas, de amenazas, de requerimientos y de órdenes para que la propiedad mantenga, restaure e invierta un montón de dinero en una propiedad que, por muy Bien de Interés Cultural (BIC) que sea, es suyo y nada más que suyo.

Es una pena que la ley por un lado y la administración por otro, en este país, siga teniendo tantos problemas para entender lo que significa propiedad privada y para entender que nadie debe tener ningún tipo de potestad para trasladar obligaciones a los propietarios de un bien, sea o no de Interés Cultural.

La historia es que, como la Junta declaró en su día como BIC el Cortijo del Fraile, desde entonces ha presionado de todas las formas posibles a sus dueños para que inviertan en un bien está dentro de su propiedad y que ya estaba deteriorado cuando fue adquirido y además aún no era BIC, dado que lo es desde 2010. Lo que no ha hecho en ningún momento la Junta es poner el dinero. Los consejos sí, ésos todos y, más allá, órdenes y sanciones; pero el dinero, que lo ponga la propiedad privada, lo tenga o no lo tenga.

Este problema se deriva de esa mentalidad que está instalada en determinados ámbitos de la política y de la ideología en España, acerca de la propiedad privada. No son pocos quienes opinan que la propiedad privada ajena no es tan indiscutible como la propia, es decir, que lo que es propiedad de los demás es susceptible de ser adquirido por el Estado o de ser sometido a normas de gestión por parte de éste, aunque esa mentalidad no es tan tajante para la propiedad privada de uno mismo. Es el viejo refrán castellano de ‘consejos vendo, que para mí no tengo’.

En esto, la mejor receta es la vieja costumbre de ponerse uno en lugar del otro, es decir, aplicarse en propias carnes lo que se trata de aplicar al prójimo. Imagínese que usted adquiere una propiedad y, años después, la administración de turno decide que usted debe invertir un buen puñado de millones de euros en mejorar su estado. ¿Qué haría usted? ¿Cómo le sentaría? ¿Cree que sería justo? Obviamente, en carnes propias se ven las cosas más claras que en las ajenas.

No es de extrañar que los dueños de la explotación agrícola (porque eso es lo que es) en la que está ubicado el Cortijo del Fraile hayan terminado por decirle a la Junta: ahí lo tenéis; invertid vosotros si queréis. ¿No haría usted lo mismo?

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