Dimitir antes de ser culpable

José María Sánchez Cañabate · Almería

 211114

Lo hemos dicho ya en numerosas ocasiones anteriormente, pero hoy nos vemos obligados a repetirnos, porque sin duda es la noticia del día, porque afecta nada menos que al presidente de la Diputación de Almería y porque, además, ayer en el pleno de esta institución, sólo su grupo defendió que no ha de dimitir de sus cargos Gabriel Amat, mientras que la oposición en bloque pedía lo contrario.

Pues bien, repetimos por tanto: no debe dimitir Gabriel Amat; y no debe dimitir ningún cargo político imputado, hasta que se demuestre su culpabilidad. Es tan sencillo como la propia división de poderes y la presunción de inocencia, dos de las bases sobre las que se asienta nuestro sistema jurídico de garantías.

El pueblo, los ciudadanos, han elegido a Gabriel Amat para que presida Roquetas y los concejales y diputados de la provincia, también en representación del pueblo, lo han escogido como presidente de la Diputación. El procedimiento puede ser mejorable, pero es el que tenemos, el que eligió en su día la mayoría. Y por tanto, mientras no se cambie, es el que ha de regir, por respeto a esa mayoría que lo escogió.

Y por ese mismo respeto, debe mantenerse en su cargo Amat hasta que un tribunal demuestre que es culpable de algún delito. De momento sólo se le ha abierto una investigación, que puede concluir con su inculpación o con su absolución. Si es culpable, tendrá tiempo de dimitir; si es inocente y dimite ahora, ya no podrá echar el tiempo hacia atrás.

El problema es que vivimos en un país en el que el populismo y la demagogia se han adueñado de las mentes desde hace bastante tiempo y, gracias al show en que se han convertido la política y los medios de comunicación, ha calado la idea de que imputado es igual que culpable.

Pero no lo es, porque si los jueces imputan a un señor, sea quien sea, lo hacen porque no tienen claro que no sea inocente y, por tanto, abren una investigación para dictaminar si lo es o no. Si por el mero hecho de que la justicia haga su trabajo, sin demostrar aún nada, un político se ve obligado a dimitir, lo que se está haciendo es simplemente una perversión de nuestro sistema democrático de votaciones, porque se estará conculcando la voluntad del pueblo.

Este razonamiento tan sencillo está, hoy por hoy, acorralado por el populismo y la demagogia a la que antes hacía alusión. Me alegra que Gabriel Amat se haya negado a dimitir. Antes ya dimitieron otros cargos políticos en España por el mero hecho de ser imputados y luego salieron absueltos de sus cargos. ¿Quién restituye a esos señores el honor y la posición perdidos? Pero sobre todo, ¿quién restituye al pueblo la traición a la que el sistema y la presión popular, política y mediática han arrastrado a su decisión soberana de elegir a un señor para un cargo?

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