Diálogo

Tomás López  · Almería

250116

Escuché este fin de semana, un comentario que me ha hecho reflexionar horas acerca de la actualidad política, tanto a nivel nacional como en el ámbito local. Decía el autor del mismo que “ahora que las urnas le han dictado a los políticos que han de dialogar y llegar a acuerdos para tomar decisiones de gobierno, porque sin ello no hay gobierno posible, está quedando demostrado que ellos son absolutamente incapaces de conseguirlo.

En nuestro día a día, los seres humanos necesitamos el diálogo para transformarlo en acuerdos prácticos que nos permitan convivir: negocian los padres con sus hijos sobre la hora de llegada o la cuantía de la paga semanal, negocian los vecinos sobre la forma de plantear una derrama para pagar el pintado de la fachada, negocian los empresarios y los trabajadores, vía sindicatos, para conseguir acuerdos en las empresas y, en definitiva, negociamos todos para llegar a conclusiones que no sean satisfactorias al 100% para nadie, pero que nos permitan seguir adelante.

Se negoció y mucho, en este país en esa etapa que hasta ahora había sido paradigma de lo que significa negociación, diálogo, convivencia y capacidad de cesión para alcanzar acuerdos, que era la Transición.

Ahora, gracias a determinadas corrientes totalitarias, que no admiten concesión alguna ante opiniones y posturas contrarias, aquella etapa parece quedar denostada, a pesar de que supuso que personas y representantes institucionales de corrientes tan diferentes como el Franquismo y los partidos que estaban ilegalizados en esa etapa se sentaran en el mismo Parlamento (parlamentar) y en la misma mesa para llegar a acuerdos sobre las normas que iban a regir nuestra convivencia.

Hoy en día, con el bipartidismo herido de muerte, se nos adivina una nueva situación, en la que un gran partido cediendo parte de su ideario a un pequeño partido podía gobernar ya no puede ser quien dicte las normas. Ahora es necesario el consenso de varias fuerzas, la puesta sobre el tapete de las ideas de cada uno y la negociación hasta llegar a puntos comunes.

Es una oportunidad histórica para alcanzar un gran pacto sobre la Educación, ese ámbito en el que cada partido ha ido cambiando el escenario a su antojo en función del color del Congreso y el Senado; sobre la Sanidad, sobre la Seguridad o sobre las Políticas Sociales. Grandes pactos que reflejen todas las sensibilidades, a sabiendas de que ninguna de ellas llegar a estar plenamente satisfecha, pero que entre todas alcanzarán lo que comúnmente se conoce como un consenso.

Hoy día el consenso no está de moda, parece una cursilada, una cesión que no estamos dispuestos a asumir. La historia de este país está llena de tragedias por la falta de capacidad de consenso. Pero la historia también está pasada de moda.

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