Día de Andalucía y estructura autonómica del Estado

José María Sánchez Cañabate · Almería

 010317

Se ha celebrado el Día de Andalucía, una conmemoración que a casi todos nos viene de perlas para meter un festivo artificial en el calendario de la semana, tomarnos un respiro en incluso a los más atrevidos a irse de puente, esa costumbre tan española y tan poco productiva en general, salvo para el turismo.

En Almería, el Día de Andalucía, cada año, es motivo de controversia, en el amplio sentido de la palabra porque muchos almerienses se sienten poco o nada andaluces y en el concreto porque cuando se aprobó la autonomía andaluza, indudablemente se vulneró la ley y las reglas de ese mismo plebiscito.

El resultado de la votación fue que no había autonomía andaluza porque en Almería no se había aprobado. A partir de ahí, a lo que ocurrió algunos lo llaman pucherazo, otros solución de emergencia, otros flexibilidad normativa y los más ocurrentes interpretación de la ley.

El caso es que el episodio no se ha olvidado por estas tierras y, muy al contrario, ha servido para que los ‘no andaluces’ radicalicen sus posturas en Almería.

Sinceramente, yo me siento andaluz. Sin alardes, sin exageraciones, sin golpes de pecho. Creo que por las venas de los almerienses, así en general, corre sangre andaluza; sangre mora y cristiana que durante ocho siglos convivieron de una manera más o menos estrecha, según el momento concreto, configurando una idiosincrasia y una cultura propias.

Una cultura que, como pasa en todos los territorios, es siempre más pura y exacta en las zonas centrales, en este caso en Sevilla, en Córdoba, en Málaga, etc; y mucho menos en los extremos, como es el caso de Andalucía.

Como quiera que no echo mano alardes en mi andalucismo, tampoco me parecería extraño que Almería formara comunidad con Murcia, incluso con varias provincias más, como podrían ser Albacete, Alicante, Jaén o Granada.

Sería algo así como una comunidad del Sureste español, también con sus peculiaridades propias.

De lo que no soy muy partidario es de las comunidades uni-provinciales, sencillamente porque las autonomías son un elemento administrativo y político, que en ocasiones coincide más o menos con las naciones históricas que conviven en España. Bien está que Cataluña coincida en parte con la historia de esa tierra, como Galicia y como, más o menos, Euskadi.

Pero una comunidad debe ser una entidad administrativa que facilite la organización general del Estado. Es más, soy partidario de que todas tuvieran más o menos el mismo tamaño, parecido número de habitantes (en la medida de lo posible) y sobre todo el mismo número de provincias.

Ello supondría una organización bastante más lógica y equilibrada del Estado, que ayudaría a la solidaridad interterritorial y al equilibrio de potencialidades de los ciudadanos.

¿O acaso Cantabria desentonaría en la comunidad leonesa, la antigua León; o Navarra en Aragón o en Euskadi; o Murcia en Valencia; o Madrid en Castilla?

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