Debate, mítines y más de lo mismo

Tomás López · Almería

 250215

No me convence ni mucho, ni poco ni nada el experimento éste de Podemos, basado en gran parte en decir que todo el resto del mundo está compuesto únicamente por ladrones y que los integrantes de esta nueva formación son poco menos que la gran reserva de occidente, el tesoro de la honradez patria, que se desvanece con tan sólo rascar un poco.

Sin embargo, algo tenía que tener de bueno el experimento. Y para mí, lo mejor de este surgimiento de Podemos es el soplo de aire fresco, aunque sólo sea en la teoría, que supone en cuanto a las formas de la política tradicional. En pleno siglo XXI, nuestra política sigue nutrida de las mismas formas que en los años 70 en los que se alumbraba la actual democracia.

Os parecerá una locura, pero han pasado más de 40 años y, en determinadas cosas, en ciertos ropajes, nada ha cambiado. Éste es un año súper-electoral y ya estamos pudiendo vivir los primeros mítines de los primeros comicios, que son las andaluzas. Y de lo visto, nada nuevo bajo el sol: gente repitiendo las mismas obviedades, dirigidas a quienes ya saben que les van a votar, a gritos y con el objetivo de enfervorizar a los propios e irritar a los ajenos. Una pena de puesta en escena.

Pero si nos vamos al debate sobre el Estado de la Nación, que comenzó ayer, la cosa no mejora. De nuevo cruce de las acusaciones de siempre, sin profundidad, sin análisis, sin brillantez ninguna en las alocuciones y sin que haya atisbo alguno de actividad inteligente en el seno del hemiciclo.

Estos chicos nuevos de Podemos, al menos, se han fijado en todo esto y al menos lo critican, aunque luego uno ve sus mítines y observa exactamente los mismos patrones y la misma ausencia de novedad, de frescura, de brillantez que nos lleva caracterizando ya muchos años.

Nadie es capaz de explicar por qué en los mítines hay que hablar a gritos, por qué se dicen las mismas cosas año tras año, por qué no hay análisis ninguno, si es que no hay gente más preparada en el ámbito de la oratoria que los que nos sueltan los pestiños que nos tenemos que tragar cada vez que hay elecciones. Uno se pregunta por qué en un partido político tienen que dar los mítines aquellos que seguramente serán muy válidos para otras cosas, pero a los que la vida no les ha llamado por el camino de la elocuencia.

En fin, que pasan los años y, a pesar del hartazgo de la política, no hay reacción: las campañas siguen siendo una farsa en la que se trata de tonto al ciudadano. Y éstos de Podemos, recién llegados, no han tardado en copiar los vicios, aunque en la teoría sí se hayan dado cuenta de la tropelía.

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