De nuevo soterramiento

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 280717

Ha tardado, este año, pero ya está aquí: es la noticia del verano, la que cada año, invariablemente desde hace décadas, llena las páginas de los periódicos y atesta los minutos de radio con una ilusión que nos pone a todos alerta, pero que pronto se desvanece y se convierte en nada, se multiplica por cero a la misma velocidad que nos olvidamos de ella.  

Sí, ya está aquí el soterramiento, ya ha llegado de nuevo como las sombrillas en la playa, los chiringuitos repletos, las bermudas, los bikinis y los mojitos en las mesas de las terrazas. Hoy vemos las portadas repletas de noticias que anuncian que habrá estudio para el soterramiento hasta la avenida del Mediterráneo, que el tráfico se cortará y la estación se trasladará a Huércal, uniéndose con la intermodal vía autobús y que en nada podremos estar paseando sobre el terreno que ahora ocupan las vías que nos comunican, de manera lenta y casi tercermundista, con el resto del mundo.

Quien más, quien menos, lee estas cosas a estas alturas y se descojona de risa. Son ya muchos anuncios, muchas buenas intenciones, muchos protocolos para estudios de estrategias para la dinamización de proyectos que, al final, se han quedado en nada de nada; muchas actuaciones que han convertido la historia del soterramiento en la más preclara aplicación moderna del cuento de Pedro y el Lobo.

Puede ser que esta vez venga el lobo. Ojalá. Y se coma las puñeteras vías del tren, haciéndolas desaparecer para siempre. Pero la realidad es que no nos fiamos. No nos fiamos, a pesar de que el alcalde haya hablado ya de éxito, acaso en una precipitación fruto de sus deseos por darnos ya una buena noticia con este tema, después de más de dos décadas de dimes y diretes.

Repito: ojalá que en un período de tiempo más o menos corto empiecen las obras… y se terminen. Porque en Almería también tenemos experiencia sobrada en cuanto a obras que empiezan y ahí se quedan; supongo que sabemos lo que es la Plaza Vieja.

Y ojalá que todos los políticos que ayer se reunían alrededor de una mesa para ver qué hacer con esta casi eterna patata caliente, puedan ponerse todas las medallas del mundo, se maten a codazos para salir en la foto, corten mil y una citas inaugurales y se vayan ese día a la cama con la sensación de que han hecho algo de la leche. Ellos serán felices… y nosotros también. Por fin. Por ahora… a esperar; y a no desesperar.

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