De la basura a los pedos

Tomás López  · Almería

200116

Que los tribunales son una gran fuente de noticias, a veces cómicas, a veces trágicas, no es una sorpresa para casi nadie. Si de lo que hablamos es del conflicto, de la guerra de géneros en los que unas leyes injustas y en muchas ocasiones ridículas han sumido a la sociedad española, mientras la gran mayoría de los medios de comunicación callan, hay más de drama que de comedia.

Aunque no es fácil no tomárselo a chufla, el fondo del asunto clama más bien a la indignación cuando uno lee que un juzgado ha condenado a un señor porque, en plena discusión con su ‘santa’, no tuvo otra ocurrencia que soltar una ventosidad que la parienta apreció como una parte más del desprecio que llevaba implícito la conversación.

El juez, que no es ni la señora ofendida ni el señor pedorro, ha dictaminado que la ventosidad en cuestión debe ser englobada dentro de la tan manida ya violencia de género y, por tanto, que el gaseoso cónyuge debe para por la flojera de muelle en cuestión.

Ayer, en otro orden de cosas, leíamos en la prensa almeriense que un individuo, por llamarlo de alguna manera, ha sido también condenado por obligar a comer basura a su mujer. Si esto fue así, cualquier condena es poca para el sujeto; pero, teniendo en cuenta la cantidad de denuncias falsas por violencia de género de la que se van teniendo testimonios, mientras la ley sigue considerando culpable al hombre acusado de tal delito mientras no demuestre lo contrario y continúa dando por válido el testimonio de la mujer mientras no se demuestre que no lo es, cuesta ponerse en situación. Se pregunta uno qué es exactamente obligar a comer basura e incluso qué es lo que se considera, exactamente, en este caso basura.

Si no fuera por lo dramático de la situación, todas estas noticias podrían ir en la sección de humor de los periódicos. Pero el problema es que la injusta Ley de Violencia de Género y el partidista Código Civil Español discriminan de tal manera al hombre que en el último año, las cifras que verdaderamente han crecido de manera exponencial en España son la de suicidios de hombres y la de hombres asesinados por sus esposas.

Y mientras tanto, los niños, que es a los que se supone que protege la ley, siguen viendo cómo sus padres se tienen que marchar de casa por decreto, por el simple hecho de que sus madres han declarado que a papá se le ha ido la mano. Así, sin pruebas; así, sin ley; así, sin justicia.

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