Condena al alcalde de Carboneras

Tomás López · Almería

240517

La prensa de ayer nos traía la noticia de la condena de tres años de inhabilitación para empleo o cargo público alcalde de Carboneras, el ‘independiente’ Salvador Hernández, por haber negado sistemáticamente información al líder de la oposición, el socialista José Luis Amérigo.

El auto del juez no deja lugar a la duda: hasta en 26 ocasiones le fue requerida la información al alcalde y éste despachó todas ellas con largas, excusas y lo que se podría catalogar como un ‘ya te veré’.

La verdad es que es bastante absurda la situación, puesto que cualquiera que incurra en este comportamiento sabe muy bien que va a terminar siendo condenado, puesto que la ilegalidad se está cometiendo con toda la luz y taquígrafos del mundo.

Dicho de otro modo: quien así se comporta, o bien está ocultando algo grave o bien se cree invencible. Y ambos comportamientos son absolutamente intolerables en política… y en la vida.

Otra cosa es que cualquiera que haya observado el comportamiento de Salvador Hernández en los plenos, su manera de despreciar al portavoz socialista y a todos los miembros de la oposición, su altivez, su manejo del pleno como si fuera su cortijo y su forma de desdeñar cualquier alocución que llegara desde las filas de la oposición, se extrañará poco del dictamen del juez.

Resulta curioso cómo el populismo siga siendo la herramienta más útil para conducir a este tipo de representante público al poder, cómo el perfil de político que cree que ‘la calle es mía’ siga alcanzando la confianza de la ciudadanía, a pesar de observarse claramente que su actitud no es la de un servidor sino la de un mandamás.

Y resulta curiosa, igualmente, la coincidencia de que algunos de estos representantes pertenezcan a partidos independientes, cuya más sólida propuesta sea la de no pertenecer a los partidos clásicos, la de venir para salvarnos del holocausto que se supone que son los partidos que han consolidado la democracia en este país, con fórmulas mágicas que, en muchos casos, terminan en ilegalidades y comportamientos, como éste, que se alejan radicalmente de la ejemplaridad.

Han pasado cuatro décadas de democracia y nuestros conciudadanos siguen siendo todavía, y es posible que cada día más, sensibles a los salvadores de la patria, con perdón por el juego de palabras.

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