Carril bici: ni contigo ni sin ti

José María Sánchez Cañabate · Almería

 240615

Ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio. Se ha montado gorda con el tema del carril bici y, sinceramente, no lo entiendo demasiado. Posiblemente sea el ejemplo más claro, en los últimos tiempos, de que es difícil, por no decir imposible, tener contento a todo el mundo. Vamos, aquello de que ‘nunca llueve a gusto de todos’.

Llevamos años escuchando que Almería tiene mucho por hacer en el fomento de los desplazamientos en bicicleta, que estamos muy lejos de las ciudades modernas y avanzadas en este sentido, que nuestro carril bici era pequeño, incompleto y en ocasiones se catalogaba como de ridículo; y que el tráfico de la ciudad empezaba a requerir una verdadera apuesta por los carriles bici; pero en serio.

Pues bien, el Ayuntamiento ha ‘sembrado’ la ciudad de carriles bici. Ya nadie podrá decir que no hay suficientes y ahora, probablemente, la gran tarea pendiente sea ‘educar’ en su uso y en que verdaderamente se conviertan en algo rentable, por ser utilizado en su justa medida.

Pero a lo que hemos asistido ahora es a las críticas precisamente por eso, porque hay quien considera que son excesivos, que se han eliminado carriles de tráfico rodado para ello, que en ocasiones se han pegado mucho a las casas, que pasan por la puerta de algunas viviendas y, en general, que al consistorio se le ha ido la mano con el carril bici.

Lo dicho: ‘ni contigo ni sin ti…’. Lo de que son demasiados es algo relativo y que irá en gustos, pero lo de que los carriles bici han ocupado espacios que antes eran para otros usos, como para el paso de los peatones o el aparcamiento de los coches, es algo que resulta evidente. La ciudad no se ha construido de nuevo y, por tanto, para dotarla de estas vías para bicicletas, es obvio que había que ocupar lugares que antes servían para otra cosa.

Estoy de acuerdo, eso sí, en que a la ciudad le faltan aparcamientos y que tocar los que hay no parece una buena solución, pero hay que tener claro que la tendencia en este aspecto, en esta ciudad y probablemente en casi todas, es a multiplicar los aparcamientos subterráneos y las zonas de pago (azul, verde, etc) y reducir los aparcamientos de espacio libre. Y esto poco tiene que ver con los carriles bici. Quien aspire a aparcar en el centro (otra cosa es que el centro ‘de pago’ es cada vez más grande) tiene que hacerse a la idea de que no lo hará sin la cartera en la mano.

Así pues, aunque no me veo yo yendo al ‘curro’ en bicicleta, hay que aplaudir que el Ayuntamiento se haya atrevido a poner más carriles bici en la ciudad, hasta el punto de que casi a cualquier lugar se pueda llegar ya sobre dos ruedas sin motor. Eso sí, quejas seguirá habiendo. Es normal: ‘para gustos, colores’.

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