Caos hospitalario

José María Sánchez Cañabate · Almería

 230115

El tema de la medicina pública es un tema complicado. Se trata de un mundo diferente, con peculiaridades y características singulares que lo hacen único. En ningún otro ámbito, se cita a alguien y éste ya sabe que, por sistema, esperará horas antes de ser atendido por quien lo citó. Posiblemente sea esa peculiaridad la que haga que en casi todo, la medicina discurra con unas normas internas, muchas no escritas, especiales, diferentes al común de actividades que nos rodean.

Los pacientes y los sindicados han denunciado que la sanidad pública vive un colapso, en unas declaraciones que contrastan con las manifestaciones de la presidenta de la Junta, Susana Díaz que, ufana, se jactaba el otro día en una televisión de ámbito nacional de haber resuelto el problema contratando a más médicos para este período de especial actividad.

La especial actividad consiste en que, como hace frío, hay más gripe; algo que, como todos ustedes saben, es un fenómeno ‘extraño’ en esta época del año y ‘nunca antes visto’. Manda muchas narices que desde la medicina se siga considerando una situación especial y que requiere ‘reacciones’ el que en invierno haya gripe porque hace frío. ¿A nadie se le ha ocurrido prever que esto va a suceder todos los puñeteros años y que, por tanto, en esta época hay que contratar más médicos, enfermeros y auxiliares por norma, siempre?

El caso es que las declaraciones de la ufana presidenta de la Junta de Andalucía, que pronto dará a luz una criatura y que seguramente no pasará listas de espera, contrastan con la foto que ilustra este artículo, con la experiencia personal de este humilde cronista y con la de muchos otros que así nos lo han manifestado.

La medicina pública andaluza es un caos, en el que junto a magníficos profesionales que sacan adelante complicados casos, hay un trasfondo de colapso, falta de medios humanos, técnicos y de espacio y cierto aire de desidia en otros profesionales que, ante tal ‘sin dios’, han decidido tirar la toalla y hacer lo que buenamente pueden, sin matarse. Junto a ellos, otros mantienen la ilusión y sí que se matan cada día por atender lo mejor posible a sus pacientes.

El caso es que en esto de la medicina no hay términos medios: cuando sale el debate, hay quien piensa que es el ejemplo preclaro de la eficacia de gestión y quien piensa que es un desastre profundo e inigualable. En esa segunda opinión me encuentro, me permitiréis que lo reconozca.

Posiblemente la diferencia entre los que opinan una cosa y los que piensan otra esté en si consideran de recibo imágenes como la que vemos en esta foto es ‘lo normal’ o es algo ‘intolerable’. Yo, como ciudadano que pago mis impuestos entre otras cosas para recibir una sanidad de calidad, creo que es ‘intolerable’, vamos una vergüenza. Otra cosa es que la gente juzgue este tipo de cosas según el partido que gobierne. En ese caso, el problema sería más grave.

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