Cañete y el machismo

José María Sánchez Cañabate  · Almería

 220514

Lo hemos intentado hasta que hemos podido. Nos habíamos propuesto no tocar el tema, resistirnos hasta el límite, pero al final sucumbimos: vamos a hablar del machismo de Cañete, de esa manía de los políticos de tomarnos por tontos y de la proliferación de oportunistas que siempre gira alrededor de la cosa política.

El señor Cañete dijo, el otro día, que demostrar superioridad intelectual en un debate con una mujer puede ser considerado machismo. Se quedó corto: en el ambiente que se ha creado en este país, es habitual que ello ocurra, es decir, que cuando un hombre resulta superior en lo que sea, se le tacha de machista, mientras que en caso contrario se celebra el triunfo de la mujer. Vivimos en un país en el que se ha pasado del redomado, retrógrado y repugnante machismo de la época franquista a una discriminación positiva que ha colocado a los hombres en el disparadero. Lo que dice Cañete es cierto, absolutamente. Y él no ha dicho que le parezca bien o mal, sino que ocurre. Y es cierto que ocurre.

Como ocurre que en este país, se ve con total normalidad que haya carreras atléticas sólo para mujeres, que haya comisiones de mujeres, clubes de mujeres, asociaciones de mujeres y todo tipo de entidades y actividades reservadas exclusivamente para mujeres, mientras que no se permiten las de hombres, puesto que constituirían un acto de machismo.

Un país en el que también ocurre que si una mujer denuncia que un hombre le ha agredido, el hombre es detenido aunque no existan pruebas contra él y, en la mayoría de los casos, condenado por el juez aunque la parte denunciante no presente ni pruebas ni testigos.

Sí, señores; es feo decirlo, pero vivimos en un país en el que ser hombre ha empezado a ser algo sospechoso, o dicho de otra manera, que el hombre es sospechoso de machismo sólo por ser hombre. Y algunas mujeres también.

Y lo peor del caso es que Cañete, que no ha dicho nada más que lo que todo el mundo sabe, que no ha hecho sino describir la realidad que todos conocemos, al final no sólo ha tenido que pedir perdón por si ha ofendido a alguien, sino que incluso ha tenido que resaltar que él no es machista. Es una pena que estas cosas pasen en nuestro país, como es una pena que la política siga siendo tan políticamente correcta, valga la redundancia.

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