Cable Francés, las crisis, el ingenio, el casco histórico y otras ideas

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 271216

Publicaba ayer en portada La Voz de Almería que el Ayuntamiento se está planteando utilizar el actual y deteriorado Cable Francés como un futuro paseo marítimo que se adentre 300 metros en el mar.

La idea no sólo nos parece buena, sino incluso imprescindible.

Como es sabido, la crisis suele afectar a los bolsillos y también a las ideas. Siempre se ha comentado que los momentos intelectualmente más brillantes han nacido de profundas crisis económicas que agudizaban el ingenio y se ha puesto como ejemplo el Siglo de Oro o las generaciones del 98 y del 27.

En la época más moderna, de mitad del siglo XX hacia nuestros días, en España no parece que sea tanto así. La economía lo ha movido todo e incluso las ideas más ingeniosas se han visto imposibles de plasmar sin el dinero que las respaldase.

En Almería, antes de la última crisis económica hemos vivido un momento de efervescencia creativa que ha transformado la ciudad: la nueva Rambla, el soterramiento de vías como la carretera de Los Molinos a su paso por la Avenida del Mediterráneo, el desarrollo de la Vega de Acá, la posteriormente truncada inversión en transformar el casco histórico, el desarrollo de El Toyo o el boom de las instalaciones deportivas o la remodelación integral de barrios como Retamar, el Tagarete, La Cañada, El Alquián o Cortijo Grande han sido ejemplos de ese desarrollo.

Luego llegó la crisis y no se detuvieron las ideas, pero éstas no estaban acompañadas de dinero y se quedaron en eso, en ideas. Sin darnos cuenta, ha pasado prácticamente un lustro sin grandes proyectos, mirando siempre a la luna del soterramiento o la Estación Intermodal, como ese ‘maná’ que paliase la propia crisis o, al menos, la orfandad de grandes proyectos.

Se habló, antes de la crisis, de soterrar la carretera de Ronda desde el Parque hasta el Pabellón Moisés Ruiz. Hubiera sido un cambio estratégico y estructural para la ciudad, pero no llegó el dinero a tiempo; vamos, que la crisis llegó antes.

Y después, soterramientos varios e Intermodal eterna, sin olvidar el Cable Inglés, eterna promesa jamás cumplida. Poco más de esa envergadura.

Hablar ahora del Cable Francés es un soplo de aire fresco, una idea innovadora e ilusionante. Que nuestro Paseo Marítimo, aglutinador social y poblacional en prácticamente la mitad del año, tenga ahora ese aliado sobre el mar puede transformar, sin duda, a nuestra ciudad.

No estaría mal que fuera, además, el ‘efecto impulso’ de una época de nuevas ideas que vuelvan a modernizar nuestra ciudad, que la transformen para el futuro y la sigan convirtiendo en un lugar agradable para vivir e inevitable para visitar.

Tenemos espacios que transformar, como los Cables Inglés y Francés, la Estación de Ferrocarril antigua o el propio Paseo Marítimo, gran espacio frente al mar capaz de albergar nuevas iniciativas, incluso en su línea costera de continuidad que sería el Puerto, en toda su extensión.

Pero también tenemos carencias infraestructurales profundas, como por ejemplo un gran Palacio de Congresos, un centro social e integral de ocio o un espacio que aglutine a los almerienses en invierno como el Paseo Marítimo lo hace en verano. Y por supuesto, el casco histórico, al que se lleva intentando impulsar desde hace décadas pero con el que no se da con la tecla.

Seguramente ahí esté la clave: Almería debe mirar al mar, pero también a su historia y a su centro histórico. ¿Cómo? Doctores tiene la Iglesia. Pero es evidente que Almería necesita potenciar su relación con el centro de la ciudad, como necesita proyectos como el del Cable Francés.

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