Bebés a 10.000 euros

José María Sánchez Cañabate · Almería

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Es tremendo, es espeluznante, es sobrecogedor el caso de las detenciones practicadas ayer en Vícar y Cádiz, por el caso de una presunta venta de un bebé. Una pareja de hombres vicarios y una mujer en tierras gaditanas han sido puestos en libertad con cargos, tras haber sido acusados de un delito contra las relaciones familiares, en concreto, acusados de haber vendido a una bebé por 10.000 euros, tras haberla concebido por inseminación artificial.

Queremos pensar que no es cierta la noticia, que estas tres personas son inocentes, porque de lo contrario, es muy difícil entender cuál es el concepto de humanidad que manejan, en qué situación ponen al ser humano dentro de sus valoraciones.

En ocasiones nos llegan noticias de personas que, ante una compleja situación económica o de otro tipo, deciden desprenderse de sus hijos, incluso en ocasiones poniendo sus vidas en peligro.

Es terrible, pero esto sería mucho peor. Aquí no hay una situación desesperada, no hay un momento de amargura; aquí de lo que se habla es de algo absolutamente premeditado, de un tiempo largo como el de un embarazo y de un negocio con cifras concretas.

¿Vale la vida humana 10.000 euros?

Es evidente que quienes han participado de este asunto, en caso de ser verdad, no tienen ningún sentido de la paternidad ni de la maternidad. Pero lo cierto es que tampoco parece que tengan mucho sentido de la propia vida humana.

Hemos entrado, de ser cierto todo esto, por la puerta grande en el ámbito del comercio de seres humanos que ni tan siquiera han nacido aún, en el segmento del negocio con futuras personas, en la actividad empresarial en la que la mercancía es el nacimiento de niños.

Da miedo pensarlo, pero uno intenta proyectar la situación a dentro de 20, 50 ó 100 años y se estremece de imaginar que ello llegue a convertirse en algo común, en lo habitual.

Y es posible que así sea, pero cuesta mucho imaginarse que el mundo esté cambiando tanto como para que las personas conciban un ser humano con el único objetivo de venderlo. No cabe duda de que esto supera, con creces, al modelo de la esclavitud, presuntamente superado hace ya algunos siglos.

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