Almería y Andalucía

Álvaro Fuentes Soler (foto La Voz) · Almería

 290216

Es el debate recurrente cada 28 de febrero en Almería: ¿somos o no andaluces los almerienses? ¿Nos sentimos andaluces, murcianos o simplemente almerienses? ¿Nos irían mejor las cosas si formáramos una comunidad con los vecinos murcianos o si fuéramos otra uniprovincial como ellos?

Ayer, un grupo de almerienses se reunió como cada año para reclamar la independencia de Almería con respecto a Andalucía y lo hizo utilizando los argumentos habituales: los que hablan de una identidad propia y, sobre todo, de que Almería no votó a favor del estatuto de autonomía andaluz que se celebra cada 28 de febrero.

Llevan razón en buena parte, puesto que es cierto que, como todas las zonas limítrofes de cualquier territorio, el sentimiento de pertenencia es mucho más débil que en los lugares centrales del mismo; y es verdad también lo que cuentan de aquel 28 de febrero.

Es más, incluso es bastante probable que Almería obtuviera bastante mejores réditos si caminara sola por el mundo, formando la decimoctava comunidad, uniprovincial como lo son Asturias, Madrid, Cantabria, Navarra o la propia Murcia.

Sin embargo, mucho me temo que estas reivindicaciones y estos actos del Día de Andalucía son más bien un brindis al sol, primero y principalmente porque no está en la agenda, en la hoja de ruta que se diría ahora, ningún cambio en la estructura autonómica española y, sin duda, si hubiera alguno, desde luego ése no sería el de Almería

Pero es que además estos argumentos de la falta de pertenencia y del olvido por parte de Sevilla son lógicos y se dan en todos los territorios. Es normal que un sevillano o un cordobés se sienta más andaluz que un almeriense y es lógico que a Almería tarden más en llegar las cosas, sencillamente porque estamos más lejos. Es absolutamente injusto, pero tiene su lógica.

Lo mismo pasa con las comunidades periféricas españolas en cuanto al sentimiento de pertenencia. Sin embargo, si ello supusiera un pasaporte para el desligue con respecto a la comunidad a la que se pertenece, poco a poco todas esas comunidades o entidades se irían disgregando, puesto que siempre el periférico se vería diferente al central.

Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que esté satisfecho con el tratamiento que Sevilla le da a Almería. Sin duda que falta mucho camino por recorrer para que los almerienses nos consideremos por derecho propio ciudadanos andaluces de Primera y eso está en el debe de las instituciones. Así que, menos celebraciones, por parte de unos y otros, y más pico y pala… que para mañana es tarde.

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