Agricultura española y almeriense: nueva ministra

Tomás López · Almería

 280414

Ya tenemos nueva ministra de Agricultura. En principio, parece una medida lógico que la secretaria general de Agricultura y Alimentación se haga cargo de la cartera, en sustitución de Arias Cañete. Lógico porque se trata de una profesional que llega con bagaje, que mantiene una línea de continuidad con el trabajo realizado por el anterior titular y que, además, tiene un arduo, profundo y duro trabajo por hacer.

Su perfil, en principio, convence. Joven (45 años), con ganas, con conocimiento de la materia y del ministerio y, quizás, desde el punto de vista andaluz y almeriense, algo alejada geográficamente del gran centro de producción hortofrutícola que es nuestra tierra, Almería. Sin embargo, también tenemos claro que lo importante no es su ubicación geográfica, sino su orientación profesional e institucional hacia el sector.

Un sector que, con la crisis, ha pasado de ser únicamente la despensa de Europa ha convertirse también en la despensa económica de España o de buena parte de España. Pero la regularidad en cuanto al comportamiento del sector, debido a la fidelidad clientelar que genera el producto alimentario, no supone que se trata de un segmento libre de problemas. Ni mucho menos.

La agricultura tiene problemas estructurales muy importantes. Se trata de un sector en el que urgen las ayudas para la modernización, que no es ya un capricho ni una inversión en futuro, sino un alimento indispensable para sobrevivir; un sector que vive al pairo de los mercados, que son los que marcan los precios, en una situación comercial atípica, puesto que lo normal es que sea el productor el que marque los precios de su mercancía; y un sector en el que la distribución está agrupada y concentrada, mientras que la producción y la comercialización en origen está absolutamente segmentada, pidiendo a gritos soluciones que nadie sabe exactamente por dónde han de llegar.

Tiene, pues, trabajo la señora ministra, que además ha de demostrar un conocimiento tan profundo como ha demostrado el señor Cañete, que ha dejado una sensación en general positiva en el sector, a pesar de que durante sus años de mandato no se ha avanzado demasiado en la solución general de estos asuntos.

Ello hace pensar que no es fácil abordarlos, sobre todo porque se trata de problemas estructurales, con años y décadas de antigüedad, pero que no por ello dejan de ser cruciales, puesto que estamos hablando de un sector pilar para la economía española. A la ministra la queremos ver pronto por Almería, metiéndose en harina, reuniéndose con la producción (asociaciones profesionales) y con la comercialización en origen (asociaciones empresariales), para conocer en profundidad los problemas y plantear soluciones o, al menos, vías para la mejora en los procesos y las complejidades que amenazan al sector. Y sobre todo, la defensa del sector, de nuestro sector, frente a amenazas externas que, de momento, están jugando con otra baraja diferente a la nuestra.

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