Agredir al profesor de tu hijo

Tomás López · Almería

 301014

No nos gusta mucho, como sabéis, opinar sobre asuntos sobre los que únicamente conocemos una versión. Técnicamente podemos decir que no sabemos lo que pasó ayer en el Colegio Cruz de Caravaca, donde las crónicas cuentan que el padre de un alumno agredió al profesor, al serle anunciado que su ‘retoño’ iba a ser despedido.

Para conocer lo que realmente ocurrió o, al menos, hacernos una idea, deberíamos escuchar también la versión del padre o del propio alumno.

Sin embargo, pasara lo que pasara, los hechos son un claro ejemplo de lo que está pasando hoy por hoy en las aulas, en el sistema educativo de este país, entre los más jóvenes. Poco a poco, concienzuda e inconscientemente, hemos ido yendo de mal en peor en este ámbito y hemos pasado de ser un país en el que la figura del profesor era respetada y escuchada a convertir las clases en auténticas junglas en las que unos juegan a los barquitos ante la atenta mirada del profesor, otros le dan al teléfono móvil, algunos ligan y llegan a darse el lote y otros, incluso, se atreven a estar atentos a lo que dice el maestro.

Seamos serios y sinceros: hoy por hoy el profesor no pinta nada. Su figura de referencia ha pasado a mejor vida y del respeto que se le tenía ya sólo queda un viejo recuerdo. Los alumnos no lo respetan en absoluto y parte de la responsabilidad de ello la tienen sus propios padres, que lejos de refrendar y reforzar la autoridad del profesor, lo convierten en el enemigo y se llega incluso a la agresión física, y conste que no hablo ahora de este caso en concreto.

La noticia de la agresión de un alumno a un profesor no es nueva, se repite muchas más veces de las que nos gustaría. Pero empieza a no ser tampoco demasiado inhabitual el hecho de que los padres se sumen también a la ‘fiesta’. El ejemplo de un padre agrediendo al ser que ha de educar a su hijo echar por tierra cualquier esperanza en que de las aulas puedan salir personas formadas y formales.

Habrá que dar la enhorabuena a los diferentes gobiernos que han apostado por una enseñanza ‘de calidad’, como dicen, en la que el esfuerzo no lleva al éxito, en el que el profesor tiene que defenderse de los ataques, en el que se pasa de curso se haya hecho lo que se haya hecho y en el que no hay apenas interés por superarse.

La única pregunta que nos queda por hacernos es, ¿hasta dónde llegaremos? Una pregunta para la que, al menos yo, no tengo respuesta.

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