Adiós primarias

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 250914

Lo decíamos anteayer: la teoría de las primarias es muy bonita y habla de debate interno, riqueza intelectual, intercambio de posiciones y confrontación de ideas. Pero la práctica no lo es tanto, puesto que se torna en luchas internas, enfrentamientos de familias y tendencias, pocas ideas sobre la mesa y muchos intereses en liza.

Y una vez más, se ha demostrado: no habrá primarias en el PSOE de la capital de cara a las elecciones municipales. Tras el anuncio de Pérez Navas de que sería candidato y tardar un suspiro en conseguir los avales, los demás movimientos han confirmado que no es fácil esto de las primarias: el otro candidato, Joaquín Jiménez, renunciaba a su candidatura y acto seguido el secretario provincial, Sánchez Teruel, lanzaba la idea de que ambos se integraran en el mismo equipo.

Y es normal, en buena parte. Porque cuando se trata de concursar por un puesto tan ansiado, como puede ser el de candidato a alcalde, a presidente de comunidad o incluso de un país, no es sencillo que los que se enfrentan lo hagan sin recurrir a todo lo que se les ocurra por derrotar al adversario. Y eso no es fácilmente conjugable con pertenecer al mismo equipo, con construir un proyecto común.

A Joaquín Jiménez se le ha acabado el proyecto de candidatura a la alcaldía de Almería. Fruto de la existencia de elecciones primarias en el PSOE, pudo presentar su pre-candidatura, pero precisamente a raíz de los problemas que este sistema supone, no ha podido llevarla a cabo, como antes les ocurrió a otros candidatos en otras ciudades y en elecciones autonómicas.

Nos quedamos con la duda de saber a quién hubiera designado la agrupación local si hubiera tenido que elegir candidato ‘a dedo’, como toda la vida; y con la de saber cuál de los candidatos hubiera ganado las primarias. Pero de lo que quedan pocas dudas es de que al PSOE, desde que instauró esto de las elecciones primarias, rara vez le ha salido bien el experimento, entendiendo por ‘bien’ el hecho de que haya diversos candidatos, que éstos concurran en buena lid, que se elija libremente al que la militancia considera mejor y que éste tenga las manos libres para implantar su proyecto.

Conclusión: la idea es buena, pero las estructuras de los partidos quizás sean demasiado poderosas para poder llevarla a cabo.

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