Acusaciones sin pruebas y precipitaciones

Tomás López · Almería

260216

La prensa de hoy es toda una alegoría de la sociedad del cotilleo en la que vivimos. La famosa ‘vieja del visillo’ de José Mota es una reliquia de la España profunda, pero transformada hoy en la gran mayoría de los españoles que nos alimentamos de rumores, comentarios y acusaciones sin pruebas.

Las hay para nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo y especialmente para quienes consideramos que están mejor que nosotros y a los que hay que desprestigiar.

Los políticos son el blanco perfecto para este comportamiento infantil pero tremendamente peligroso. Hay barra libre; se les puede acusar sin presentar absolutamente ninguna prueba, más allá de la sospecha ‘lógica’ de que han metido la mano o se han lucrado ilegalmente; con la ‘lógica’ de cada uno.

Hoy en los periódicos podemos leer la noticia del archivo de las querellas contra Miguel Cazorla, concejal de Ciudadanos en Almería. Cazorla no ha sido solamente acusado, sino también condenado socialmente. Y ahora resulta que su causa se ha archivado, que el juzgado dice que no hay caso, que es inocente.

El mismo día, leemos también la crónica de una ‘mini-manifestación’ (así lo hemos llamado nosotros) contra Amat, pidiéndole la dimisión a pesar de que no está condenado por ningún delito.

Amat ha recibido denuncias, porque en este país no hace falta mucho para denunciar al vecino; pero de momento no le media condena alguna. Sin embargo, ayer había 200 roqueteros, convocados entre otros por Izquierda Unida, por cierto, concentrados pidiéndole la dimisión.

Da igual que vaya a ser inocente, no hace falta esperar. Esos 200 y ese partido ya lo han condenado. Es más, aunque saliera inocente, ellos responderían que no, que en realidad es culpable, como ha pasado con Camps en Valencia, del que siguen diciendo que estafó con unos cuantos trajes, a pesar de que los jueces han dicho que no fue así.

Sinceramente, para mí es vergonzoso, infantil y, además, debería ser absolutamente condenable penalmente. Como nadie pierde nada por esperar la palabra de la Justicia, todo el que se adelantase a ella a condenar, incluidos los medios de comunicación, deberían ser los que pagasen.

No confundir con la liberta de expresión. Eso, amigos, es otra cosa muy diferente. La libertad es la que todos tenemos a que no se nos acuse de nada sin pruebas.

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