Acoso escolar: algo estamos haciendo mal

Álvaro Fuentes Soler · Almería

191016

La noticia que abre hoy varios de los periódicos almerienses es tan preocupante como grave. Un chico de albojense de doce años ha tenido que ser retirado de las clases e incluso sedado para evitar la profunda depresión que sufre debido al presunto acoso que sufre por parte de otros compañeros.

Un caso que, según sus padres y el abogado de éstos, ya había sido denunciado en varias ocasiones pero que ahora ha cobrar relevancia pública debido a los cuidados médicos que ha tenido que recibir el triste protagonista de la historia.

He leído ya por ahí algún que otro reparto de culpas, por ejemplo a la dirección del Colegio Rosa Navarro de Olula del Río, a la Junta de Andalucía y a su delegación de Educación y a las familias de los presuntos agresores.

Seguramente todos ellos tengan su parte de responsabilidad, pero me niego a pensar que ahí queda todo.

Llevamos años escuchando y leyendo noticias y reportajes acerca del acoso escolar, un fenómeno preocupante, que ha terminado en ocasiones incluso con suicidios y que ha marcado para toda la vida a muchos niños.

Y no hacemos nada o casi nada. Es como si el problema no existiera, como si nadie pudiera hacer nada. Las denuncias llegan casi siempre tarde, las medidas son insuficientes y parece como si todo el mundo se empeñase en ocultar la situación, en disimular como si no existiese esta lacra.

¿Qué hacer? ¿Cómo proceder? ¿Cuál es la solución? Pues sinceramente yo no lo sé, pero sí estoy seguro de que algo se podrá hacer. Y también estoy bastante convencido de que todo debe empezar por ahí mismo, por el colegio, por la educación.

Y seguramente ahí, donde debería empezar todo, es donde tengamos nuestro peor problema. Todos, y digo todos, sabemos el desastre educativo que llevamos padeciendo en España desde hace ya muchos años.

Los gobiernos que se han ido sucediendo en España han ido pasando olímpicamente de la educación sin solución de continuidad. Desde hace 40 años, hemos asistido a un deterioro progresivo y galopante de nuestro sistema educativo, en el que el mérito ha pasado a ser una anécdota, en el que no hace falta trabajar ni estudiar para pasar de curso, donde la figura del maestro ha pasado de ser respetable a convertirse en un monigote que muchos alumnos no respetan sin temor a nada y donde los valores para la convivencia son imposibles de trasladar al alumno, entre otras cosas porque éste, cuando está en clase, no tiene ninguna obligación de sentirse ni mostrarse mínimamente interesado en aprender nada.

¿Y así es como queremos evitar que unos niños hostiguen y maltraten a otros? Sinceramente, nuestro sistema educativo está podrido y el acoso escolar no es más que un síntoma de ello.

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