Acantilados

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 240215

Una cadena humana reivindicó el pasado domingo la conservación de los denominados ‘acantilados de Aguadulce’. Loable propósito, éste de que no se pueda construir ni urbanizar un espacio del que antes nadie se había acordado jamás y cuyo valor natural, paisajístico, monumental o histórico (no sé) no se había resaltado hasta el momento.

La consigna parece ser “que no se construya en Almería”, no sea que esta provincia se convierta en competencia turística para las Málaga, Cádiz, Alicante, Tarragona, Gerona y compañía. Almería es mejor que siga siendo la hermana pobre, aquella en la que no es fácil encontrar un hotel, un campo de golf para echar unos hoyos, un centro de congresos o un museo.

Afortunadamente, algunos ‘cabezones’ se han empeñado y conseguido lo contrario y, hoy en día, ya hay magníficos hoteles en esta provincia, hay palacios de congresos y exposiciones, museos sobre asuntos generales y sobre otros que nos son consustanciales a los almerienses y recursos turísticos que, poco a poco, nos van poniendo a la altura.

Eso sí, seguimos estando por debajo de todas esas provincias, en las que poco ha importado anteriormente el paisaje, la sostenibilidad o los recursos naturales para multiplicar por diez, por cien y a veces hasta por mil los equipamientos que ahora se le niegan a Almería.

Almería está plagada de bellos rincones como la Playa del Algarrobico, como Málaga está repleta de esos mismos rincones, pero ya urbanizados. Sin embargo, aquí es problema que uno sólo de ellos se convierta en un recurso para atraer turistas.

Y como en ese caso, ahora le toca el turno a los Acantilados, unas montañas junto al mar donde no se tiene noticia de especies protegidas ni de un valor concreto ni un apego especial a esta tierra, donde nadie suele ir para nada y donde lo único que hay son vistas, que nadie aprovecha. Pues bien, cuando llega alguien con ganas de jugarse su dinero para poner aquello en valor, en lugar de decirle cómo tiene que hacerlo, qué es lo que tiene que respetar y qué tener en cuenta, sencillamente la consigna es “no”. ¿Por qué? Pues porque “no”. Y no tenemos mucho más que añadir. Y ahí está el proyecto: parado y sin demasiadas esperanzas.

Y lo peor es que al final acaba calando la idea de que construir un Algarrobico es una aberración; y que meter en la cima de esos acantilados un par de hoteles, una zona residencial y algo de equipamiento para convertirlo en un espectacular mirador frente al Mediterráneo es otra aberración. Por tanto, todo lo que no sea dejar a Almería huérfana de infraestructuras turísticas en comparación con los destinos españoles de alrededor no es más que una aberración; aberración que redunda directamente en la diferencia de recursos que, en el plano turístico, tienen el resto de ciudadanos, los de esas zonas, y nosotros los almerienses.

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